Enfermedad de Haglund: causas, síntomas, diagnóstico y tratamientos

Hoy te hablamos sobre el síndrome de Haglund, una afección que afecta al pie, y te damos las claves para su tratamiento.

Existen muchas afecciones que pueden comprometer la integridad de los pies, desde problemas cotidianos como las callosidades hasta condiciones más serias como las enfermedades vasculares. Prestar atención a cualquier signo de malestar o afección es crucial para poder actuar a tiempo y mantener tanto la salud de los pies como el bienestar general.

dolor en el tobillo por los tacones

¿Qué es la enfermedad o síndrome de Haglund?

La enfermedad o síndrome de Haglund, también conocida como deformidad de Haglund, es una afección del pie caracterizada por la formación de una protuberancia ósea en la parte posterior del talón. Esta protuberancia puede causar irritación e inflamación en los tejidos circundantes, lo que ocasiona dolor y malestar. La fricción constante entre el calzado y la protuberancia ósea puede agravar los síntomas, provocando una inflamación crónica y dificultando la movilidad.

Síntomas de la enfermedad de Haglund

El diagnóstico temprano y un tratamiento adecuado son cruciales para manejar los síntomas y prevenir la progresión del síndrome de Haglund. Por ello, es importante reconocer e identificar los signos de esta enfermedad. Entre ellos se incluyen:

  • Dolores en talón: el dolor se localiza especialmente en la parte posterior, donde se encuentra la protuberancia ósea.
  • Hinchazón: la inflamación aparece en la zona posterior del talón y puede extenderse hacia el tendón de Aquiles.
  • Dureza o callos: pueden formarse durezas o callos debido a la presión y fricción repetidas en la zona afectada.
  • Limitaciones en la movilidad: la rigidez y el dolor en el talón pueden dificultar el movimiento normal del pie.

Reconocer estos síntomas a tiempo y buscar atención médica lo antes posible puede ayudar a manejar la enfermedad de manera efectiva, previniendo complicaciones severas y mejorando la calidad de vida.

Patologías del síndrome de Haglund

El síndrome de Haglund puede estar asociado con diferentes patologías y complicaciones debido a la deformidad ósea y la inflamación crónica. Estas patológicas pueden incluir:

  • Bursitis retrocalcánea: la inflamación de la Bursa, una bolsa pequeña que actúa como amortiguador entre el hueso del talón y el tendón de Aquiles, es común en los pacientes con síndrome de Haglund. Esta inflamación puede causar dolor e hinchazón en la parte posterior del talón.
  • Tendinitis aquílea: la deformidad de Haglund puede ejercer presión adicional sobre el tendón de Aquiles, provocando dolor, rigidez y, en algunos casos, microdesgarros en el tendón debido al estrés repetitivo.
  • Espolón calcáneo: la presión y la fricción crónicas ocasionadas por el síndrome de Haglund pueden conducir al desarrollo de un espolón óseo, una proyección ósea que se forma en el hueso del talón, lo que puede aumentar el dolor y la incomodidad.
  • Fascitis plantar: aunque no es una consecuencia directa del síndrome de Haglund, la alteración biomecánica que ocasiona puede contribuir al desarrollo de la fascitis plantar.

Tratar estas patologías es fundamental para manejar el síndrome de Haglund y mejorar la calidad de vida de quienes lo padecen.

dolor pie al llevar tacones

Causas de la deformidad de Haglund

Diferentes factores pueden causar esta enfermedad, entre ellas se incluyen:

  • Genética: la predisposición genética puede ser un causante de esta condición. Las personas con talones naturalmente prominentes o pie cavo tienen más probabilidades de desarrollar esta condición debido a la estructura de sus pies.
  • Calzado: el uso de calzados rígidos y ajustados en la parte posterior del talón, como los tacones altos y los zapatos deportivos con talones duros, puede causar una fricción constante e irritación, contribuyendo al desarrollo de esta enfermedad.
  • Actividad física intensa: actividades que implican correr, saltar, movimientos repetitivos o impactos constantes pueden aumentar la presión y la fricción en la parte posterior del talón. Las personas físicamente activas pueden desarrollar esta deformidad debido al estrés continuo en los pies.
  • Estructura del pie: anomalías estructurales en el pie, como un arco plantar alto, pueden alterar la forma en la que el pie y el talón interactúan con el calzado, aumentando la probabilidad de que se desarrolle el síndrome de Haglund.
  • Enfermedades subyacentes: la deformidad de Haglund es común en personas con enfermedades como gota o artritis reumatoide. Estas condiciones pueden causar inflamación crónica en las articulaciones y tejidos circundantes, lo que puede contribuir a la formación de las protuberancias óseas.

Identificar los causantes y modificar los factores de riesgo puede ayudar a reducir la incidencia de esta condición dolorosa.

¿Cómo se diagnostica la enfermedad de Haglund?

Para obtener un diagnóstico preciso de la enfermedad de Haglund, es esencial buscar la evaluación de un médico especialista en pie y tobillo. El profesional realizará un examen físico detallado y puede solicitar pruebas de diagnóstico por imágenes, como ecografías, radiografías y resonancias magnéticas. Estas pruebas ayudan a visualizar la protuberancia ósea en el talón y evaluar el grado de inflamación y daño en los tejidos circundantes. Un diagnóstico temprano es fundamental para iniciar un tratamiento adecuado y evitar complicaciones adicionales.

examinando pies por fisio

Tratamientos del síndrome de Haglund

Las opciones de tratamiento pueden variar según la gravedad de los síntomas y la respuesta de los pacientes. Por lo general, el enfoque terapéutico abarca diversas medidas, entre las que se incluyen el cambio del tipo de calzado, órtesis y plantillas personalizadas, medicamentos antiinflamatorios y fisioterapia.

La fisioterapia desempeña un papel fundamental en el tratamiento del síndrome de Haglund, permitiendo la aplicación de diversas técnicas para mejorar los síntomas y promover la recuperación. Estas técnicas incluyen:

  • Ejercicios de estiramiento: aumentan la flexibilidad del tendón de Aquiles y reducen la presión sobre el talón.
  • Ejercicios de fortalecimiento: ayudan a mejorar la estabilidad y el soporte del pie, disminuyendo las lesiones que pueden ocasionarse.
  • Terapia manual: las técnicas manuales, como masajes, pueden ayudar a aliviar la tensión y mejorar la circulación de la zona afectada.
  • Tratamientos avanzados: se pueden implementar terapias como ultrasonido y láser que pueden reducir la inflamación y acelerar la curación de tejidos.

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